lunes, 4 de octubre de 2010

No ha pasado nada

En la primera sesión del taller realizaremos un recorrido por la actualidad, pero tratando de que nuestra mirada no sea la le los tertulianos, cuyas voces secuestran todo debate real. Para ello utilizaremos un texto de Santiago Alba Rico sugerido por Fernando: NO HA PASADO NADA,  epílogo del libro: “Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos” . Editorial Hiru. 2006. Hondarribia.

Cinco años después de la destrucción de las Torres Gemelas, que hizo Dios y derribaron los hombres, no ha pasado nada. El supermercado sigue abierto, la revista sobre la mesilla de noche, el policía en su garito, el geranio en su maceta.

Creíamos que la televisión nos iba a mostrar un apocalipsis por semana; que íbamos a asistir en pocos días, como era nuestro derecho de nacimiento, al desenlace de la historia, tras – eso sí- unas angustiosas horas de suspense; que nuestra vida cotidiana se iba a llenar de alarmas, explosiones, privaciones, asaltos nocturnos. Y no ha pasado nada.

Creíamos que las montañas se iban a sacudir sus nieves y los cielos a volcar sus estrellas y las bestias del abismo a lanzarnos su aliento. Pero no ha pasado nada.

Creíamos que iban a caer fritos todos los pájaros y que el metal se licuaría y que los cuerpos se pondrían del revés. Pero no ha pasado nada.

Creíamos al menos que Afganistán sería brutalmente bombardeado, sus  pobres casas desparramadas al viento, sus niños y sus mujeres cocidos desde el aire. Y no ha pasado nada.

Creíamos que contra las aldeas afganas se iba a utilizar uranio empobrecido, bombas de racimo, bombas termobáricas que penetran la tierra, se inflaman, absorben el oxígeno y matan “toda forma de vida”. Pero no ha pasado nada.

Creíamos que EEUU iba a masacrar a seiscientos prisioneros en Mazar-a-Sharif y no ha pasado nada.

Creíamos que iban a detener a cientos de extranjeros en secreto, a interrogar a miles de musulmanes en todas partes, a torturar prisioneros en Guantánamo. Pero no ha pasado nada.

Creíamos que la Carta de las Naciones Unidas, la Convención de Ginebra y el Derecho Internacional iban a ser reiteradamente violados y despreciados y, sin embargo, no ha pasado nada.

Creíamos que Bush firmaría un Decreto Patriótico, prohibiría desclasificar los documentos reservados, devolvería a la CIA la “licencia para matar”, establecería tribunales militares secretos e inapelables, pero no ha pasado nada.

Creíamos que EEUU iba a aumentar hasta 400.000 millones de dólares su presupuesto militar, desarrollar un programa secreto de guerra química y biológica, doblar su número de bases en todo el mundo. Y no ha pasado nada.

Creíamos que EEUU formaría un gobierno bajo tierra y diseñaría un plan para atacar con armamento nuclear a China, Rusia, Irán, Iraq, Corea del Norte, Libia y Siria. Y no ha pasado nada.

Creíamos que sesenta intelectuales estadounidenses, “conciencia moral de América”, llegarían al extremo de firmar un comunicado a favor de la tortura, el genocidio y los crímenes de guerra. Pero no ha pasado nada de esto.

Creíamos que EEUU haría un listado de pueblos a exterminar sin la oposición de los gobiernos europeos; que Inglaterra, Francia, España, Dinamarca, Alemania, Italia, pondrían sus soldados a disposición de mando norteamericano; que la UE revisaría su propia legislación para poder perseguir cualquier forma de resistencia al margen del Derecho; que levantarían murallas troyanas para proteger sus reuniones de  los ciudadanos. Pero no ha pasado nada.

Creíamos que controlaría y censuraría Internet, que se espiaría a los movimientos antiglobalización, que la policía asaltaría centros sociales y sedes de organizaciones juveniles. Y no ha pasado nada.

Creíamos que las dictaduras “amigas” aprovecharían para liquidar en la impunidad a los opositores (en Ecuador, en México, En Guatemala, en Bolivia, En Turquía, en Argelia, en Rusia, En Tayikistán, en Georgia…), pero no ha ocurrido.

Creíamos que EEUU mandaría discretamente tropas a Filipinas, hostigaría a Venezuela, arremetería de nuevo contra Cuba y ayudaría a bombardear Colombia. Y nada de esto ha sucedido.

Creíamos que Sharon tendría las manos libres en Palestina para recuperar poblaciones de Gaza y Cisjordania, bombardear por tierra, mar y aire sus ciudades, demoler o dinamitar 809 casas, arrancar 100.000 olivos, confiscar 3.000.000 de m2 de tierras, arrestar y luego quizás matar a Arafat, ejecutar sumariamente a decenas de resistentes, matar mujeres embarazadas y bebés, atacar ambulancias y periodistas, convocar con altavoces a todos los hombres (de entre 15 y 60 años) de Jabaliya, Kalkilia y Deheishe para interrogarlos sin camisa y con los ojos vendados. Pero no ha asado nada.

Creíamos que EEUU mentiría pública y reiteradamente ante las Naciones Unidas y luego, contra la voluntad expresa del organismo internacional, invadiría Irak por tierra, mar y aire, matando a más de cien mil civiles. Y no ha pasado nada.

Creíamos que el ejército estadounidense iba a bombardear las sedes de Al-Jazeera en Afganistán e Iraq, asesinar al periodista José Couso en el Hotel Palestina de Bagdad y tirotear a otra decena de reporteros en el país ocupado. Y nada de esto ha pasado.

Creíamos que EEUU iba a retener y torturar en el campo de concentración de Guantánamo a centenares de prisioneros, sin juicio ni pruebas; a aperrear, golpear y abusar sexualmente de civiles en la prisión de Abu Gharaib (y a fotografiar su hazaña); a secuestrar sospechosos, con la complicidad de la UE, en todos los rincones de la tierra para trasladarlos a cárceles secretas en la propia Europa o a terceros países donde la tortura es un procedimiento rutinario. Y no ha pasado nada.

Creíamos que la fuerza aérea de los EEUU iba a bombardear a los civiles de Faluya y otras ciudades iraquíes con fósforo blanco y napalm, pero no ha pasado nada.

Creíamos que la violencia aumentaría en todo el mundo, que los inocentes se confundirían con los culpables, que los ricos se distinguirían cada vez más de los pobres. Y no ha pasado nada.

Creíamos que se iba a amenazar la paz mundial, las libertades ciudadanas y la supervivencia misma del planeta. Y no ha pasado nada.

Temíamos en fin, que se fuera a establecer una Dictadura Mundial después del 11 de septiembre y, sin embargo, como se ve, no ha pasado nada.

La verdad es que si las montañas se hubiesen sacudido la nieve de sus cimas y el cielo volcado sus estrellas y los pájaros hubiesen caído fritos y el metal se hubiese licuado ante nuestros ojos y nuestros cuerpos se hubiesen puesto del revés, tampoco habría pasado nada. Tampoco habríamos notado nada.

Todo sigue igual. Todo seguirá igual. Y cuando unos enmascarados se lleven a nuestro vecino, que habrá gritado en sueños la palabra “basta”; y tatúen unos números en los brazos de nuestros hijos; y el Banco de Bilbao se quede también nuestros ahorros; y el viento traiga hasta nuestros balcones el polvo radioactivo de un lejano país aniquilado; y nos muramos de repente o paso a paso, según decidan un Gobierno secreto y una Multinacional omnipotente; entonces tampoco pasará nada. No habrá pasado nada.

Cinco años después de la destrucción de las Torres Gemelas, que hizo Dios y derribaron los hombres, no ha pasado nada en el mundo. No es verdad. En un pequeño Estado del sur de Europa llamado España sí que ocurrió algo y muy importante: la Ciudad de Madrid salió a la calle para pedir a gritos una Olimpiada, la selección de futbol se clasificó para el Mundial de Alemania y una tal Rosa, aclamada por 25 millones de españoles, representó a su país en el Festival de Eurovisión, donde se manifestó una vez más, victoriosa y sin reservas, toda la fuerza y toda la grandeza democrática de nuestra Unión Europea.

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